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COLOMBIA, LOS AVIONES Y EL INTERÉS NACIONAL

Luis MonteroCOLOMBIA, LOS AVIONES Y EL INTERÉS NACIONAL

Si vis Pacem Para Bellum

 

Algunas voces opositoras se han manifestado en contra de la renovación de la flota de superioridad aérea colombiana, argumentando que el dinero dispuesto para tal fin puede ser destinado hacia otras actividades de tipo civil. No obstante, esta visión no solo se encamina en la ingenuidad, sino que también desconoce elementos básicos del sistema internacional, el contexto regional y la Seguridad y Defensa Nacional.

 

Sistema internacional competitivo

Desde la Paz de Westfalia hasta el Sistema Internacional actual, una de las premisas básicas de acción de los Estados es una aguda competencia en la cual las unidades sistémicas buscan acumular poder individualmente, para lograr una mejor posición de poder relativo frente a sus adversarios. En otras palabras, desde Raymond Aron, pasando por Stanley Hoffmann, hasta Kenneth Waltz, quienes plantean que el comportamiento racional y generalizado de los Estados es maximizar sus ganancias -representadas en términos de poder- y minimizar sus pérdidas -representadas en las amenazas de los adversarios-.

Este elemento básico mencionado anteriormente, marca el cimiento de la mayoría de las teorías de las Relaciones Internacionales. Adicionalmente, propone que los Estados deben garantizar su seguridad utilizando los medios materiales que estén a su alcance, puesto que aunque no se tenga una vocación belicista, la disuasión en términos pasivos puede garantizar una estabilidad regional -o incluso global- tal y como lo planteó Kenneth Waltz.

Por este motivo, los Estados desarrollan -casi sin excepción- un concepto inherente a la naturaleza competitiva del Sistema Internacional, el cual es “interés nacional”. Este interés nacional se convierte en la guía de acción del Estado y define los elementos que deben ser resguardados en el marco de la competencia internacional, apoyándose fundamentalmente en elementos materiales de tipo militar. Por ello, suponer que un Estado no deba tener una capacidad militar actualizada, no solo es ingenuo e idealista, sino abiertamente irresponsable.

Una región y un vecindario inestable

América Latina es sin duda, una de las regiones más inestables y con mayores retos para la Seguridad y Defensa del mundo. A las amenazas tradicionales como los diferendos limítrofes activos o las pujas geopolíticas por regiones estratégicas -como la Antártida, el litoral pacífico o el Mar Caribe-, se deben sumar nuevas amenazas derivadas del terrorismo, el narcotráfico, el tráfico de especies y la biodiversidad, el crimen organizado, la trata de personas, las migraciones y los Estados fallidos -como el caso venezolano-.

A lo anteriormente mencionado, se le adiciona el interés (no tan pacífico) que potencias extranjeras como Rusia o China, tienen en América Latina. Por ejemplo, resulta alarmante la proliferación de equipo de guerra electrónica dado desde Moscú a Caracas y la influencia de medios rusos a la hora de realizar operaciones de inestabilidad y manipulación de información en la región, así como la penetración de agrupaciones mercenarias rusas como el Grupo Wagner -desplegado con anterioridad en Crimea, Siria o Libia- en Venezuela. Así mismo, hace parte de este panorama de amenazas a la seguridad la gran flota pesquera China, que en una actitud depredadora, barrió las costas suramericanas a finales del año pasado e inicios del actual.

A partir de la suma de estos factores, los países de la región han buscado fortalecer sus capacidades de respuesta y gestión ante estas amenazas. Es por ello que países como Chile o Brasil, por ejemplo, cuentan con capacidades navales, terrestres y aéreas importantes. Por el contrario, Argentina experimentó con el caso del submarino ARA San Juan las penurias de tener un equipo obsoleto, poniendo en riesgo no solo la integridad de sus propios hombres, sino también enviando un mensaje de debilidad. Desde esta perspectiva, la compra de equipo militar actualizado por parte de Colombia no es una excepción regional ni es una “muestra de militarismo” como lo ha querido presentar la oposición, sino es una obligación que Colombia -como cualquier otro Estado- tiene para preservar su integridad, máxime si se tiene un vecino tan conflictivo, inestable, desestructurado y cooptado por intereses privados; como el nuestro.

Una seguridad y defensa actualizada

Claramente, las Fuerzas Militares de cuidado de fronteras, cuestan más que las dedicadas al conflicto interno. Afirmar lo contrario, hace parte de un desenfoque ingenuo e ignorante. Si el país quiere unas FFMM que regresen a su rol tradicional, estas deben lograr medios disuasivos importantes que durante décadas dejaron de adquirirse, porque no eran útiles para una confrontación irregular. Ciertamente, estos medios disuasivos son bastante costosos, pero hay que tenerlos.

Infortunadamente en el fragor político de la firma de un Acuerdo de Paz, se vendió a la opinión pública la falsa idea de que la inversión militar era ya innecesaria. Este espejismo hoy hace mella y arrastra posiciones que desconocen los tres elementos fundamentales desarrollados en este análisis. No obstante, lo realmente preocupante es que en el imperio de las redes sociales (la carga de ignorancia y manipulación que en ellas se esconden) una crítica sin fundamento en contra de la adquisición o renovación de equipo militar, le hace un profundo daño al país, en lugar de un supuesto bien.

ESDEGUE

La Escuela Superior de Guerra, es una institución de educación superior militar, que capacita a los Oficiales Superiores de las Fuerzas Militares, a los futuros Generales y Almirantes del Ejército Nacional, la Armada Nacional, la Fuerza Aérea Colombiana, y a personalidades de alto nivel de la sociedad colombiana, sobre temas de seguridad y defensa nacionales, para así fortalecer los canales de comunicación e integración.